Excursión a Helgoland desde Bremen

Es domingo y te levantas pronto para irte de excursión. Preparas unos bocadillos para la comida, los metes en la mochila y sales de casa hacia la estación de Bremen (Alemania). Una vez allí, buscas tu vía, te subes a tu tren y te montas para pasar allí los siguientes 35 minutos. Cuando llegas a Bremerhaven buscas el autobús que te lleva al puerto. Aún tienes que coger un barco que te llevará hasta la isla de Helgoland en el mar del Norte.

Helgoland desde el barco que llega hasta allí. Foto: María Ortiz.

Subes al barco y te dejas llevar durante unas tres horas. Aún son las 9:30 de la mañana. En el barco buscas un sitio donde no haya mucho viento, desayunas de nuevo, duermes un poco, solo ves mar a tu alrededor con algún que otro barco en el horizonte, te cruzas con dos focas que están tumbadas en un banco de arena y, por fin, ves tierra.

Cuando llegas, debido a la poca profundidad del mar en esta zona, tienes que pasar del barco a un bote que te lleva hasta la costa. Este trayecto dura solo dos o tres minutos, pero es muy emocionante porque es el que te deja al fin en la isla. Ahora ya puedes comenzar tu visita a Helgoland. Tienes cuatro horas hasta que salga el barco de vuelta, pero es suficiente para rodear la isla y visitar el monumento natural más importante, el Lange Anna.

Monumento natural Lange Anna. Foto: María Ortiz.

Cruzas el centro de la ciudad y miras en un mapa qué camino tienes que tomar para subir a lo alto y llegar al camino que rodea la isla. Después de subir unas escaleras larguísimas que te llevan a tu destino, te das cuenta de que ya ha merecido la pena el esfuerzo de todo el día. A la izquierda solo ves verde hierba donde hay muchas ovejas y a la derecha solo el azul intenso del mar. Aunque también hay que atravesar una pequeña zona residencial. Otro color que destaca en la isla es el rojo de la roca, que se ve, sobre todo, en los acantilados.

Ovejas de Helgoland tranquilamente en la hierba. Foto: María Ortiz.

Hoy hace muy bueno y hay mucha gente visitando la isla pero, no se hace pesado. También hay muchos alcatraces por todas partes. Están posados en los acantilados, cerca de los turistas, aunque también hay muchos otros volando. Hay tantos que dan un poco de miedo con la cara de pocos amigos que tienen. Sin embargo, disfrutas mucho mirándoles y haciéndoles fotos.

Alcatraces en el acantilado. Foto: María Ortiz.

Llegas al punto más alto de la isla, donde paras un rato para disfrutar de la brisa marina y de las vistas. Estás a 61,3 metros sobre el nivel del mar.

Antes de coger el barco de vuelta, aún tienes tiempo para comer un bocadillo de pescado tan típico del norte de Alemania. Te das una vuelta por el centro y te fijas en que casi solo hay tiendas como las del aeropuerto, de duty free, donde comprar chocolatinas, perfumes y ropa de montaña.

Termina la visita al Helgoland y coges el bote que te lleva al barco de vuelta al continente. Tres horas después coges el tren en Bremerhaven hacia Bremen a las 19:30. Y acaba un día divertido y diferente en Alemania.

Inmensidad azul alrededor de Helgoland. Foto: María Ortiz.


Lugares donde ver solo mar y alcatraces.

Cómo llegué: desde Bremen hay multitud de trenes hacia Bremerhaven, donde cogí el barco a Helgoland. Solo hay que fijarse bien en los horarios de los barcos para coger el tren con suficiente antelación. El trayecto en barco es muy cómodo. Aquí puedes consultar los precios y los horarios del barco. Eso sí, está en alemán.

 

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