Impresiones de Hong Kong

El 31 de diciembre de 2015 aterricé por segunda vez en Asia, en Hong Kong. La primera vez había sido hacía tres años y medio en Japón. Tenía ganas de volver a este continente, ya que el país del Sol Naciente me conquistó, tanto por la gente, como por la gastronomía o por el monte Fuji. Aunque sabía que no sería lo mismo, quería seguir visitando Asia y conociendo culturas opuestas a la mía. Me imaginaba Hong Kong como una especie de Nueva York. Y en ocasiones me lo pareció, pero la verdad es que es bien distinto.

Calle de Hong Kong en la zona de Mong Kok. Foto: María Ortiz.

Viajé con dos amigos y un tercero fue a buscarnos al aeropuerto. Nada más aterrizar ya notamos la diferencia de temperatura con España, donde era invierno. En Hong Kong hacía calor y había mucha humedad. Cogimos un autobús hasta el centro de la ciudad para ir a nuestro alojamiento y poder dejar las maletas.

El trayecto por carretera fue limpio y ordenado, sin sorpresas. Lo único raro para nosotros es que conducen por la izquierda, pero esto no fue ningún problema. El autobús nos dejó en el centro, cerca de nuestro alojamiento. Perfecto. Bajamos del autobús y… ¡Huele a restaurante chino! Fue algo que nos sacó una sonrisa. Por un lado, era un olor familiar. Por otro, olía por todas partes y, cerca de los puestos de comida, llegó a ser molesta la intensidad del olor.

Puesto de comida callejera en la zona de Mong Kok. Foto: María Ortiz.

Al ir a buscar el alojamiento nos dimos cuenta del caos que se apoderaba de la ciudad. Igual que por carretera nos había parecido todo de lo  más organizado, ahora pensamos todo lo contrario. Gente yendo y viniendo, cruzando las calles, los coches pasando, aunque siempre respetando las normas, todo hay que decirlo. Pero es que había tanta gente que todo nos pareció un caos. Y esto sumado a que todas las calles nos parecían iguales, peor todavía. Dimos varia vueltas, yo creo que en círculo, hasta que encontramos el lugar correcto.

Por fin, llegamos. Conseguimos como pudimos hacer el check-in. La mujer al cargo no hablaba más que chino y acabamos hablando por señas. Nos enseñó la habitación y pensamos que había una cámara oculta. En la habitación había dos camas, una grande y otra pequeña, separadas por menos de 50 cm, una mesilla entre medias y nada más, porque no cabía. En el baño, dentro de la habitación, casi no podías darte la vuelta. Además, estaba sucio, pero en ese momento, cerramos los ojos y pensamos que para dormir nos valía. Nos había costado mucho encontrar algo a un precio asequible, así que no estábamos en condiciones de quejarnos ni de buscar otra cosa.

Gente cruzando una calle en Hong Kong. Foto: María Ortiz.

Salimos de allí pitando sin pensar mucho que tendríamos que dormir allí varios días.  Pero, después de cenar y de ver los fuegos artificiales de Nochevieja, tuvimos que volver. Había tanta gente que apenas se podía andar por la calle. Incluso había guardias de tráfico controlando a los peatones, dejando pasar primero a unos, y luego a otros. Esta organización nos sorprendió muchísimo. Además, nadie se quejaba por tardar más de la cuenta o por querer pasar y no poder. Los hongkoneses son muy cívicos, pensamos.

Cogimos bien nuestra línea de metro y nos bajamos en nuestra parada, pero de nuevo apareció el caos. Tardamos aproximadamente una hora u hora y media en encontrar nuestro maravilloso alojamiento. Otra vez todas las calles eran iguales, con los mismos comercios y la misma gente. Cuando todo está escrito en chino y está todo lleno de carteles de colores anunciando tiendas, todo se vuelve igual y uno no sabe por dónde ir.

Respecto a la comida, tengo que admitir que encontramos de todo. Allí probamos los platos más asquerosos que yo jamás había comido. No por los ingredientes, sino por lo malo que era el local. También olimos puestos callejeros cuyo olor se te metía dentro y no salía hasta el día siguiente. Pero también comidos los dim sum más deliciosos del mundo, además de tofu u ostras. Lo mejor, para asegurarse una buena comida, es ir a lugares recomendados. Nosotros tuvimos suerte y una amiga nos llevó a sitios muy buenos.

Dim Sum hongkoneses. Foto: María Ortiz.

Con el paso de los días, nos fuimos acostumbrando al ritmo de la ciudad. Y, al final, Hong Kong se quedó dentro de nosotros para siempre. Merece la pena visitar esta ciudad. Yo diría que más de una vez en la vida.


Lugares donde el caos es ordenado.

Cómo llegué: desde España, con Qatar Airways con escala en Doha.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s