El monte Fuji, una cima aislada

La primera vez que vi el monte Fuji fue desde el avión a mi llegada a Japón.  Era lo único que sobresalía de las nubes. Un cono casi perfecto visto desde arriba con un cráter en el centro. La segunda vez fue unos días después para subir a la cima.

Niebla en el camino hacia la cima del monte Fuji, Japón. Foto: María Ortiz.

La ruta está dividida en varias estaciones y yo la empecé en la quinta, la última donde se puede llegar por carretera. Lo primero que vi fue mucha gente en el aparcamiento y en las tiendas de la estación y niebla en el camino. Aun así empecé a andar y, según ascendía, iba haciendo más frío y habiendo más viento. Tanto que más de una vez tuve que agacharme para no desequilibrarme.

El camino al principio era bastante ancho y regular y, estaba muy bien señalizado. Pero a mitad de camino más o menos se estrechó y empezó a estar muy empinado. Lo único que lo indicaba eran unos barrotes de hierro a los que había enganchados una cuerda o una cadena a modo de “barandilla”. El terreno de lava puntiaguda se te clavaba en las manos si no tenías cuidado cada vez que te apoyabas para ayudarte a subir o a bajar a la vuelta.

Flotando con las nubes. Monte Fuji, Japón. Foto: María Ortiz.

En el paisaje predominaban el verde de las plantas, el negro de la roca volcánica y el gris de la niebla y las nubes. Pero según subía, como el monte está aislado, se veían las nubes que lo rodeaban a la altura de los ojos. Parecía que estabas flotando con ellas. Con la niebla casi no se veía el fondo, así que era como estar sola con ellas.

Estación número 8 de la subida a la cima del monte Fuji, Japón. Foto: María Ortiz.

Estación número 8 de la subida a la cima del monte Fuji, Japón. Foto: María Ortiz.

Bueno, sola con las nubes y con toda la gente saludando (konnichiwa!) cada vez que pasaban a tu lado. Pero es que es un sitio tan especial para los japoneses que van casi sin falta durante julio y agosto, los meses en los que está permitido subir a la cima. Y ahora también lo es para mí, así que volveré cuando vaya de nuevo a Japón. Prometido.


  • Lugares donde aislarse y respirar.
  • Cómo llegué: en tren hasta Fujinomiya y en autobús desde allí hasta la estación cinco del recorrido, el punto más alto al que se puede acceder por carretera.
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