Llegada a Tallin pasada por agua

Sorteaba charcos mientras pensaba que tenía la sensación de vivir dos días en uno. Por la mañana había estado en Helsinki, donde pasé los dos días más soleados y calurosos de toda mi ruta. Después de comer cogí un barco hacia Tallin, Estonia. Según avanzábamos sobre el agua, las nubes cada vez eran más grises y comenzó a llover.

Única foto del primer día en Tallin, esquivando la humedad en un momento que dejó de llover. Foto: María Ortiz.

Cuando unas dos horas después llegamos a Tallin, vi el cielo más gris de todas las vacaciones. Me puse el chubasquero, cogí mi mochila y bajé del barco. Llovía tanto que no se veía bien el suelo. Todo era un charco gigante. Pero no había ningún sitio donde resguardarse, así que no me quedó otro remedio que seguir a la gente y caminar hacia el centro de la ciudad. Con los pies y los pantalones empapados llegué a una de las puertas de la muralla medieval que rodea la ciudad antigua. Paré en el centro para poder mirar el plano y, al levantar la vista, me llevé una sorpresa enorme. Estaba entrando en una ciudad de cuento. Calles empedradas, edificios antiguos, calles medievales. Antes de ir ya sabía más o menos cómo era la ciudad, pero no me esperaba hacer un viaje en el tiempo.

Seguí mi camino. Detrás de mí venía un chico buscando un alojamiento, así que fuimos juntos hasta mi albergue. Casi no hablamos porque íbamos más concentrados en no resbalar y encontrar la calle correcta que en otra cosa. Queríamos llegar cuanto antes. El agua ya había empezado a traspasar la mochila y mi ropa se estaba empezando a mojar, aunque esto yo aún no lo sabía. Cuando llegamos, a mí me dieron la llave de mi habitación y a él le dijeron que tenían todas las camas ocupadas. Así que tuvo que marcharse a seguir buscando.

Fui a mi habitación, me puse ropa seca, puse a secar la ropa que tenía mojada e hice intención de salir a ver la ciudad. Pero seguía lloviendo con tal intensidad que resultaba imposible caminar por la calle. Aproveche que amainó un momento para ir a comprarme la cena. Pero no dejó de llover hasta el día siguiente a la hora de comer. Así me di cuenta de que Tallin, incluso con lluvia, es muy bonito.


 

  • Lugares donde no importa mojarse.
  • Cómo llegué (año 2015): en barco desde Helsinki. Hay muchos todos los días.
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